Mi primer telescopio

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Telescopios

10 claves para la observación astronómica

La astronomía es una ciencia fascinante y el telescopio suele ser la primera herramienta que buscamos para acercarnos a ella.

En este artículo van a encontrar una serie de puntos esenciales como introducción a la Observación Astronómica.

1) Conocer el cielo

Este es el primer paso en la observación astronómica, aprender a reconocer el cielo nocturno antes de empezar a utilizar algún instrumento:

·                    las constelaciones y sus estrellas.

·                    los movimientos y elementos básicos de la esfera celeste.

·                    la ubicación y movimientos del Sol, la Luna y los planetas.

·                    los objetos de “cielo profundo”: cúmulos estelares, nebulosas y galaxias.

Conocer el cielo¿Cómo empezar?

Siempre se puede recurrir a literatura especializada o navegar páginas web dedicadas a la astronomía, como puede ser la del Planetario  www.planetario.gob.ar o la de Sur astronómico www.surastronomico.com

Una buena herramienta es utilizar algún software de acceso gratuito en internet, como Stellarium, Sky Map o HNSKY.

Estos simuladores del cielo te permiten no sólo simular el aspecto del cielo nocturno, sino también imprimir tus propias “cartas celestes” para futuras observaciones astronómicas.

Antes de iniciarte en la observación con instrumentos, se requieren varios meses de práctica y observación a simple vista.

Una buena opción es asistir a cursos que te ayuden durante este proceso.

2) Binoculares

Lo más recomendable para iniciarse en la exploración del Universo con instrumentos son los binoculares, que ofrecen bajos aumentos, grandes campos visuales y “visión natural” (y no invertida “arriba-abajo” y/o “izquierda/derecha, como ocurre con los telescopios).

Los modelos ideales para observar el cielo nocturno son los 7x50 y 10x50, que ofrecen un buen equilibrio entre luminosidad, aumento y campo visual.

El primer número indica el aumento del instrumento y el segundo el diámetro de sus lentes.

Con este tipo de binoculares, podemos disfrutar imágenes de los astros mucho más luminosas y detalladas que las que podemos ver a ojo desnudo.

Un típico binocular de 10x50 tiene un campo de 6 a 7 grados, lo que nos permite por ejemplo ver completa la Cruz del Sur.

Existen modelos más potentes que efectivamente tienen más aumento y mayor diámetro, pero que al mismo tiempo ofrecen campos visuales mucho más estrechos. Por sus características, son recomendables para un uso más avanzado

Existen modelos más potentes como los 12x60, 15x70 y 20x80, pero siempre es importante recordar una regla general que indica “a mayor aumento, menor campo visual

Los binoculares con más aumento tienen a su vez campos visuales más pequeños. Éstos, además, suelen ser grandes y pesados por lo que se recomiendan para un uso más avanzado.

3) Telescopios

Los telescopios son más grandes y ópticamente más potentes que los binoculares, ya que tienen lentes o espejos de mayor diámetro.

Un buen telescopio nos permitirá ver una amplia variedad de astros: la Luna, el Sol, planetas, asteroides, cometas, estrellas, estrellas dobles, cúmulos estelares, nebulosas y hasta lejanas galaxias.

Existen dos grandes familias de telescopios:

Refractores: tienen una lente frontal (el objetivo) compuesta, que refracta la luz y la concentra en un foco. Allí, el ocular recibe la luz y forma la imagen. En estos telescopios se observa por la parte trasera del tubo.

Reflectores (también llamados newtonianos): tienen un espejo primario (de superficie ligeramente cóncava) que colecta la luz de los astros y se ubica en la parte inferior del tubo, y un espejo secundario (más chico y plano, situado cerca de la parte frontal con una inclinación de 45º). En los telescopios reflectores, observamos por la parte delantera del instrumento.

Características:

·         Los refractores de buena calidad (acromáticos) son excelentes instrumentos para observación planetaria, lunar y de estrellas dobles.

·         Los reflectores clásicos tienen una notable virtud: color perfecto; por su propia naturaleza no tienen “aberración cromática”.

·         Al ser abiertos, los reflectores newtonianos suelen ser muy sensibles a las variaciones en la temperatura del aire, eso se soluciona en gran medida dejándolos aclimatar (con el tubo destapado), al menos media hora antes de comenzar la sesión de observación.

·         Los reflectores newtonianos a igual diámetro son mucho más baratos que los refractores de buena calidad.

La relación “diámetro-costo” es la que explica por qué la mayoría de los aficionados a la astronomía utiliza telescopios reflectores.

4) El diámetro

A diferencia de lo que se suele creer, lo más importante de un telescopio no son sus aumentos. Lo verdaderamente fundamental de un telescopio es su diámetro.

Y la razón es simple: cuanto mayor sea el diámetro de la lente o el espejo de un telescopio, mayor será la cantidad de luz de los astros que colectará. Y mayor su “resolución angular”, es decir, la capacidad de resolver detalles en la imagen de un astro determinado.

Así, por ejemplo, un telescopio (reflector o refractor) de 150 mm. de diámetro, nos ofrecerá imágenes mucho más brillantes, nítidas y contrastadas que uno de 75 o 100 mm.

Un telescopio útil para uso general, debe tener un diámetro mínimo de 100 a 120 mm si es reflector y de 60 a 80 mm si es refractor.

Con uso general nos referimos a la observación de la Luna, el Sol (con los cuidados del caso), planetas, cometas, estrellas dobles, y una buena cantidad de cúmulos estelares (abiertos y globulares). Incluso, unas cuantas nebulosas y hasta algunas galaxias.

5) El aumento

Un telescopio no tiene un aumento determinado, lo que si tiene es un diámetro y una distancia focal específicos.

El aumento de un telescopio surge de dividir la distancia focal del telescopio, por la distancia focal del ocular.

De esta manera podemos tener diferentes aumentos con el mismo telescopio.

Para entenderlo mejor, si tenemos un telescopio con una distancia focal de 900 mm. y le colocamos un ocular de 10 mm, obtendremos 90 aumentos (900/10).

Pero si a ese mismo telescopio, le ponemos un ocular de 6 mm., tendremos 150 x. Y con uno de 5 mm, tendremos 180 x. Diferentes aumentos, con el mismo telescopio.

Cada telescopio tiene un aumento límite, un máximo hasta el cual las imágenes se mantendrán nítidas y brillantes. Ese límite dependerá fundamentalmente del diámetro del telescopio.

Por regla general, el aumento máximo de un telescopio ronda en torno al doble de su diámetro en milímetros.

Como excepción, cuando observamos la Luna o algún planeta muy brillante, como Venus y Júpiter, con un telescopio de buena calidad, podemos llevar ese límite hasta 2,5 ó 3 veces el diámetro del instrumento.

A la inversa, cuando se trata de objetos pálidos (una nebulosa o una galaxia), el aumento máximo ronda el propio diámetro del instrumento, o incluso, la mitad.

La transparencia y la turbulencia atmosférica nos ponen otro límite: muy raras veces podemos lograr imágenes nítidas más allá de los 250/300 x.

Distancia focal: es la distancia desde el lente hasta el foco (el punto donde su óptica hace converger los rayos de luz).

Según el telescopio puede ser:

·         Corta - de 400 a 700 mm.

·         Mediana - de 900 a 1000 mm.

·         Larga - hasta 2000 ó 3000 mm.

Distancia focal corta: Para vistas astronómicas de “campo amplio” (grandes cúmulos estelares y nebulosas muy extendidas).

Distancia focal larga: Nos darán mejores resultados cuando lo que queremos es mucho detalle en un objeto en particular.

6) Los oculares: los accesorios esenciales

Los telescopios no funcionan sin oculares, son las lentes donde ponemos el ojo para mirar. Los oculares reciben la luz colectada por la lente o espejo del telescopio, y forman y amplifican la imagen del astro que queremos observar.

Los oculares presentan una amplia variedad de modelos y distancias focales.

Hay tipos de oculares muy básicos que tienen 2 o 3 lentes. Y otros extremadamente complejos, grandes, muy caros y de usos bastante específicos, que pueden tener hasta 7 lentes en su estructura.

Los modelos que más convenientes son los oculares Plössl. Piezas ópticas de 4 y hasta 5 lentes, que son el estándar de calidad.

En cuanto a distancias focales, el rango es muy amplio: en un extremo hay oculares de 2 ó 3 mm. y en el otro modelos de 40 y 50 mm. En el rango medio están los muy populares oculares de 10 a 20 mm.

Como la distancia focal de un ocular determina el aumento del telescopio  y al mismo tiempo el campo visual (a menor aumento, mayor campo visual), es recomendable tener entre 2 y 3 oculares.

Una colección básica para uso general, podría estar formada por 3 oculares Plössl de 5, 10 y  25 mm. de distancia focal.

7) Telescopios más complejos

Existen telescopios más complejos, para usos más exigentes o específicos.

Dentro de los reflectores (aquellos que utilizan espejos), también están los modelos Schmidt-Cassegrain y Maskutov, sofisticados instrumentos que tienen un espejo secundario curvo incrustado en una “placa correctora” ubicada en la boca del telescopio.

Sus principales características son:

·         Tubos más cortos, manteniendo distancias focales largas.

·         Son compactos.

·         Tubos cerrados que evitan corrientes de aire y diferencias de temperatura.

·         Imágenes más estables.

·         El ocular se ubica en la parte trasera.

En cuanto a los telescopios refractores, también tiene su variante más sofisticada: los apocromáticos.

·         Tienen 3 y hasta 4 lentes combinadas.

·         Carecen de la aberración cromática.

·         Ofrecen imágenes de calidad tanto en nitidez como en color.

·         Son los favoritos de los observadores experimentados y de los astrofotógrafos.

8) Otros accesorios para telescopios

Buscador: pequeño telescopio “guía”, que va adosado en el tubo del telescopio principal. Sirve para ubicar los astros en el cielo, dado su bajo aumento y gran campo visual. Para que sea realmente útil, debe estar “colimado”, es decir, perfectamente alineado con el telescopio. Esto se logra moviendo los tornillos de sujeción del instrumento.

Barlow: lentes que aumentan la distancia focal del telescopio, permitiendo duplicar o triplicar el aumento del telescopio. Se acoplan directamente entre el ocular y el porta-ocular del telescopio.

Filtros solares: se colocan en la boca del telescopio. Los más comunes están hechos de mylar metalizado, y sólo dejan pasar 1/100.000 de la luz solar, permitiendo una observación segura de nuestra estrella. Nunca hay que observar al Sol con telescopios (o binoculares) sin estos filtros especiales, porque sin esa protección podemos perder la vista.

Filtros específicos: su variedad es amplísima y generalmente se enroscan en la parte posterior de los oculares. Entre los más utilizados, están los  filtros lunares (que disminuyen la intensidad luminosa en telescopios grandes, para observar mejor detalles de la superficie de nuestro satélite); los filtros de colores (para ver mejor detalles en los planetas); los filtros H alfa y H beta (para aislar luz emitida por el Hidrógeno) y OIII (Oxígeno III), que son ideales para ver mejor diferentes tipos de nebulosas; y los  filtros anti-polución lumínica, también conocidos como LPR, que sirven para aliviar los efectos de la “contaminación luminosa” urbana.

9) Monturas y sistema "Go-To"

Todo telescopio necesita de una base que nos permita apoyarlo y moverlo en distintas direcciones. En los telescopios más pequeños y sencillos suele alcanzar con un buen trípode fotográfico. Pero tratándose de telescopios, lo mejor son las monturas.

Hay 3 grandes familias de monturas:

Azimutales: son las más simples y livianas, permiten un movimiento en vertical y horizontal del telescopio. Suelen tener un par de “movimientos finos” que permiten un control manual más suave del telescopio a la hora de ubicar y seguir a un astro en el cielo.

Dobsonianas: son una variante de las azimutales, y se basan en un diseño de “cajoncito” giratorio, donde va encajado el telescopio. Son monturas sencillas, relativamente económicas y al mismo tiempo muy sólidas. Soportan perfectamente instrumentos medianos y grandes. 

Ecuatoriales: son monturas más grandes, pesadas y complejas. Su manejo requiere de mayores conocimientos, porque deben estar bien niveladas y alineadas: su “eje polar” debe apuntar a uno de los polos celestes, según la latitud geográfica del observador. Algunas monturas ecuatoriales son de uso manual, mientras que otras son motorizadas. Estos dispositivos contrarrestan la rotación terrestre, y permiten seguir a los astros en sus trayectorias celestes, pudiendo mantenerlos centrados en el ocular del telescopio. Son herramientas prácticamente imprescindibles para la astrofotografía.

“Go –To”: los telescopios inteligentes

Cuentan con motores y también con pequeñas computadoras que permiten la búsqueda y seguimiento de los astros. Sus memorias cuentan con bases de datos de miles de objetos (en algunos casos, 30 o 40 mil), que van desde astros como la Luna, los planetas o las estrellas más brillantes, hasta blancos más difíciles de ubicar, como los cúmulos estelares, las nebulosas y, especialmente, las desafiantes galaxias.

En la última década, estos instrumentos han incorporado otra enorme ventaja: el sistema GPS que en cuestión de segundos “le dice” al telescopio dónde está, la fecha y la hora, facilitando el posicionamiento y configuración del equipo.

Lógicamente, los telescopios Go-To son mucho más costosos que los comunes. Y, en términos generales, representan una etapa más avanzada en el camino de todo observador del cielo.

 10) La importancia de un cielo oscuro

Los observadores más experimentados suelen decir: “el cielo es el límite”.

La frase apunta a destacar la importancia fundamental de buscar un cielo oscuro y transparente a la hora de planificar cualquier observación astronómica.

Los cielos urbanos están cada vez más afectados por contaminación luminosa, que nos impiden ver del 80% al 90% de las estrellas que podríamos observar a ojo desnudo. Es por eso que para disfrutar de la astronomía, hay que salir de las ciudades, en busca de los cielos rurales o de montaña.

Mientras que en las ciudades podemos ver unas 200 a 300 estrellas a simple vista, en el campo podemos ver cerca de 3 mil.

La diferencia entre la calidad astronómica de un cielo urbano y un cielo rural es tan grande, que hay objetos difusos que en el campo podemos ver con un simple binocular 10x50, pero que en las ciudades son invisibles de observar, incluso con buenos telescopios.

Lo ideal es elegir un lugar de observación astronómica situado a no menos de 100 km. de cualquier ciudad grande y a 50 km. de ciudades chicas.

 Astronomía urbana

A pesar de la contaminación luminosa, los observadores urbanos pueden disfrutar de un repertorio bastante amplio de astros que no son tan afectados por la iluminación artificial: la Luna, los planetas, cientos de estrellas dobles, decenas de cúmulos estelares, varias nebulosas y hasta unas pocas galaxias relativamente brillantes.

En cualquier caso, el mejor momento para observar cualquier astro es cuando alcanza su mayor altura sobre el horizonte, es decir cuando “transita” (por el meridiano local norte/sur). Cuanto más alto esté un astro, menos será afectado por la contaminación lumínica y por la turbulencia (una variable atmosférica que afecta directamente la calidad y estabilidad de las imágenes).

La observación astronómica nos depara toda una vida de maravillas, descubrimientos, emociones profundas y momentos inolvidables.